Bodas de Plata1
25 años de Gracias
Bodas de plata sacerdotales.
En Jalpa de Cánovas la cosecha de trigo de este año llena de ilusión de los que habitan dentro de los territorios de la parroquia del Señor de la Misericordia, pues la mayoría augura que será buena y ya las espigas tienen su característico color dorado alentando al agricultor a sacar el fruto de su trabajo que año con año encomienda al Señor de la Misericordia.

Dentro de este contexto de esperanza, los pobladores de esta comunidad nos hemos reunido con mucha disposición este 8 de Mayo para pensar en agradecer al Señor por grandes cosechas espirituales durante 25 años dados a través de dos grandes personas: El señor cura José Guadalupe Muñoz Porras y el padre José de Jesús Murillo Rojas, que con incógnitas pero cn grandes ilusiones, ayudados por el aquel entonces señor cura Roberto Corona, salían de estas tierras habidas de la Divina Providencia.

La concelebración de acción de gracias inició a las 12 del día, ya a esa hora estaba el templo parroquial lleno, pues la mayoría se dispuso a llegar con tiempo de anticipación. Y de nuevo, con bríos renovados, el Señor Cura Guadalupe Porras y el Padre Chuy Murillo, como desde hace 25 años presidían la celebración siendo por dicha nuestra Cristo que derrama su gracia abundante a aquellos qeu compartimos el don de ser discípulos.

El Señor Cura J. Guadalupe Porras dio la homilía, y el mensaje es claro; la necesidad de la colaboración divina para llevar esta tarea muy comprometedora que por la fe se recibe no por que se merezca, si no como regalo de Dios.

Al final de la Eucaristía la parroquia de Jalpa de Cánovas manifestó su agradecimiento y alegría por el gran don de poder dar al mundo de su gente en la persona de estos dos grandes sacerdotes; "estamos orgullosos de que sean de nuestra tierra". Se les entregaron ramilletes de oración y dos simbólicos barcos, significando su labor de ser transportadores de personas hacia la meta que es Dios.

Después de la celebración eucarística todos pasamos a la comida donde las charlas sacaron sonrisas, recuerdos y entusiasmo para seguir adelante. Estoy convencido que si eran necesarias estas celebraciones para expresar la alegría de fieles y sacerdotes de 25 años de sacerdocio, aunque el Padre Porras, por su sencillez no viera querido celebración, pero en fin, también le servirá, a que se acostumbre aunque sea un poco, porqeu ambos no saben toda la bulla que va haber cuando lleguen al cielo.
Sin duda que hemos vivido una alegría en misterio, como los misterios de la fe, pues, en realidad no sabemos de manera cierta la medida (ni ellos mismo lo saben) todo el bien que han dispersado en tdas las personas con las que han tenido contacto.
Para quienes por nuestra joven edad en realidad no conocemos bien la trayectoria de estos sacerdotes que ya lo eran cuando nacimos, no nos hace falta ver toda la historia para que podamos identificar sus suspiros de satisfacción con los nuestros de ilusión. Para finalizar tuve la tentación de decir a los sacerdotes qeu festejamos que Dios los bendiga pero yo vivo otra realidad; Dios nos bendice a nosotros sobre todo con su ministerio, pues tenemos fe que la trilla espiritual sigue en grande: 25 años de vivificar a la Iglesia con los sacerdotes, 25 años de repartir el inmenso regalo de la misericordia divina en la debilidad humana, 25 años de transportarnos a las realidades celestiales viviendo en la msima tierra, 25 años de atención cercana a sus ovejas que bsucan senderos correctos, 25 años de mantener la fe de su pueblo con el magnifico alimento de la eucaristía, en fin 25 años de Dios con nosotros. En hora buena Padres Guadaluype Porras y Chuy Murillo. Dios nos bendice!

Por Javier Hernández Sánchez.
Para el periódico "Mensajero Diocesano"